¿Acaso convertirse en uno mismo no implica siempre convertirse en otra persona? ¿Qué puede ser de alguien que no emprende el viaje hacia su verdadera esencia? Debemos constantemente tender un puente sobre el abismo que separa a quienes somos de quienes creemos ser. ¿Qué puede encarnar alguien que desconoce su propia identidad? ¿Un naufragio, una deriva eterna, un desastre? Tal persona puede sucumbir a toda clase de sumisión, especialmente a la voluntad de poder; nada puede apaciguarla, calmarla ni controlarla. Se requiere el mismo rigor que en la escritura: unir estilo y tema con la mayor precisión posible. Lograr la unidad, ser uno mismo. Conseguir la metamorfosis para trascender el yo, ser uno mismo. Contrariamente a lo que se suele decir o creer hoy en día, el encuentro perpetuo con el otro —también llamado mestizaje, criollismo o cualquier otro término de moda— no es más que un subterfugio, una búsqueda histérica de información, una forma de vislumbrarse a uno mismo, de contemplarse a uno mismo y de camuflar esta visión bajo una apariencia ingrata, anémica y amnésica. Aquí, la agitación y la propaganda siguen haciendo acto de presencia ( que, como suele ocurrir, se alían con el liberalismo más insidioso), ansiosas por crear nuevas necesidades y renovarlas sin cesar para generar una insatisfacción sin precedentes y perpetua, y forzarnos a la eterna y agotadora búsqueda del fantasma de nosotros mismos.
Obtenga más información sobre Against the Robots
Suscríbete para recibir las últimas publicaciones en tu correo electrónico.