Contra los robots

El diario de viaje de Emmanuel Di Rossetti


El funeral

Los funerales sirven para apuntar, con precisión diabólica, un dardo que atraviesa el abismo del dolor, permitiéndole fluir suave y suavemente, como una vía intravenosa para los enfermos. Hidratan a quienes quedan en la orilla de los vivos, ofreciéndoles el consuelo de seguir estando, de alguna manera, con los difuntos, pero al mismo tiempo, les recuerdan su ausencia... Es difícil no disfrutarlos y aborrecerlos simultáneamente. La pérdida altera por completo la configuración de los vivos, pues ven la huella de los muertos por todas partes; algunas habitaciones se adornan con flores que nunca antes estuvieron... Los muertos imponen un prisma a los vivos, quienes los ven en lugares que nunca han pisado. Las imágenes mentales nos permiten recordar e imaginar, entrelazando frenéticamente los hilos de uno con los hilos del otro en una danza salvaje, embriagadora y sin aliento hasta que ya no podemos distinguir lo verdadero de lo que inventamos. El tiempo no hace nada para cambiar esto, o más bien, teje esta confusión. Pero ¿aún queremos separar la memoria de la imaginación?

No lloramos a alguien, es el duelo el que nos forma, es la pérdida de un ser querido lo que nos moldea.


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