
“Primero, deben deshacerse de esta idea nauseabunda, nacida de un manifiesto complejo de inferioridad y un espíritu mundano, de que la pompa, en las circunstancias apropiadas, tiene algo en común con la vanidad o la presunción. Un celebrante que se acerca solemnemente al altar para celebrar, una princesa guiada por su rey en un noble y delicado minué, un oficial superior que pasa revista a las tropas homenajeadas en un desfile, un mayordomo con librea que lleva un plato suntuoso a un banquete navideño: todos visten atuendos inusuales y se mueven con una dignidad calculada e impecable. Esto no significa en absoluto que sus gestos sean vanos, sino más bien obedientes; sus gestos obedecen a un imperativo que rige toda solemnidad. La costumbre moderna de realizar ceremonias sin ningún protocolo no es un signo de humildad; más bien, demuestra la incapacidad del celebrante para entregarse al servicio y su propensión a estropear y arruinar el placer inherente al ritual de colocar la belleza en el centro del mundo y hacerla accesible para él
Traducción libre realizada por el autor del blog.
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