Es un pedante; un pedante es alguien con una mente vacía y engreída que, por estar lleno de palabras, se cree lleno de ideas, se deleita en sus propias declaraciones y se engaña a sí mismo para dominar a los demás. Es un hipócrita que se cree sincero, un Caín que se cree Abel.
En este cerebro encogido, entregado a la abstracción y acostumbrado a agrupar a los hombres en dos categorías bajo etiquetas opuestas, quien no esté con él en el compartimento correcto está contra él en el equivocado, y en el compartimento equivocado, entre los facciosos de toda clase y los sinvergüenzas de toda tendencia, la inteligencia es natural. […] Todo aristócrata es corrupto y todo hombre corrupto es un aristócrata.
La izquierda surgida de la Revolución muestra un totalitarismo, si bien a veces latente, siempre presente: se basa en el odio a quienes no piensan como ella.
Hippolyte Taine, en sus *Orígenes de la Francia contemporánea*, describió a Robespierre de esta manera. Pero si, en lugar de Robespierre, pusiéramos a Hollande, Valls o, peor aún, a Taubira, este retrato les quedaría perfecto. Sobre todo porque «pedante» es a la vez masculino y femenino, lo que coloca a todos en igualdad de condiciones, una noción tan querida por estos… pedantes.
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