Contra los robots

El diario de viaje de Emmanuel Di Rossetti


Convertirse en uno mismo…

¿Acaso convertirse en uno mismo no implica siempre convertirse en otra persona? ¿Qué puede ser de quien no se encamina hacia su verdadera identidad? Debemos constantemente superar la brecha entre quienes somos y quienes creemos ser. ¿Qué puede encarnar quien no sabe quién es? ¿Un naufragio, una deriva eterna, un naufragio? Una persona así puede hundirse en todas las formas de sumisión, especialmente en la voluntad de poder; nada puede templarla, calmarla ni controlarla. Se requiere aquí el mismo rigor que en la escritura: armonizar estilo y tema lo mejor posible. Lograr convertirse en uno, ser uno. Efectuar y lograr la metamorfosis para trascenderse, ser uno mismo. Contrariamente a lo que se dice o se cree a menudo hoy en día, el encuentro perpetuo con el otro —también llamado mestizaje, créolité o como se llame ahora— no es más que un subterfugio, un cambio de canal histérico, una forma de vislumbrarse, de entreverse y de camuflar esta visión bajo una apariencia ingrata, anémica y amnésica. Aquí, la agitación y la propaganda siguen en efervescencia ( que, como suele ocurrir, se alía con el liberalismo más insidioso), ansiosa por crear nuevas necesidades y renovarlas sin cesar para generar una insatisfacción sin precedentes e interminable y obligarnos a la eterna y agotadora búsqueda del fantasma de nosotros mismos.


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